Junior Arias, el arma secreta en el clubhouse de los Tigres

SANTO DOMINGO. Cuando las luces se encienden en el estadio, los peloteros salen impecables al terreno de juego, pero detrás del espectáculo existe gente que trabaja para que todo quede en perfecta condiciones.

José Ignacio Arias (Junior), encargado del club-house de los Tigres del Licey, es parte de un equipo que trabaja diario, y que no sale a la luz pública,

Arias empezó a trabajar en el 1997 como ayudante del clubhouse y también daba masajes. Cuando se ausentó Bolívar Ciprián, quien era el encargado, él asumió el puesto.

Su vínculo con el Licey surgió a través de su padre José Francisco Arias (Cheché), ya fallecido, quien trabajó durante 51 años como trainer con el Licey.

Define el trabajo que desempeña como complejo porque hay que tener el ambiente como un santuario, para cuando los peloteros lleguen se sientan cómodos, como si estuvieran en sus casas.

Arias explica que entre las funciones que les corresponden en el equipo añil están: tenerle la ropa en orden a los peloteros, zapatos, utilería y su comida.

El clubhouse de los Tigres está compuesto por las siguientes áreas: la antesala donde están todas la fotos y campeonatos del conjunto, área de los coaches, cuarto del dirigente, área de los peloteros, cocina, trainer room, baños, gimnasio, lavandería y baño de emergencia.

El equipo que encabeza Arias lo componen ocho personas que se dividen las diferentes funciones.

“Yo soy el que tengo la mayor responsabilidad: que a ningún pelotero le falte una gorra, que esté bien uniformado, a veces tenemos problemas en las transmisiones porque un jugador quizás no tiene un número correcto o no sale en el sistema, es porque ha pasado una emergencia”.

Dice que su trabajo implica paciencia y vocación de servicio, todos los días se levanta contento y dispuesto a cumplir con su labor, pero hay momentos donde “me quiero esconder o desaparecer. Estoy en contacto con distintas personalidades”.

Arias es el responsable de todo lo que ocurre en ese espacio, donde conviven más de 70 personas.

También viaja a los estadios del interior del país y allá se encarga de poner los bultos en los diferentes lockers y saber quién se cambia en cada cual, porque ya tienen hábitos distintos.

“Lo que sucede con los distintos peloteros es que tienen distintos caracteres, a veces llegan y tú no sabes qué ha pasado en la calle. Gracias a Dios en el que tiempo que tengo aquí no he tenido ningún tipo de problemas con nadie”.



Source: deporte