"No hay día más feliz para mí que el de una función"

A Raúl lo conocí cuando terminé de ver una obra de Abilio Estévez en el teatro de Bellas Artes. Eufórico baje a felicitar al actor y cuando dije que el director tenía que estar loco por el atrevido montaje, el director apareció y sin conocerle le di un abrazo.

Ese día se selló nuestra amistad para siempre. Cada vez que voy a La Habana, verlo es obligatorio y ver sus montajes un premio que me da la vida.

Una mañana lo invité a venir a mi país a dirigir un monólogo que había escrito hace cincuenta años y no titubeó al hacerlo y convertirlo en una obra impresionante, lleva más de 300 presentaciones por varios países latinoamericanos y europeos.

Raúl es el hombre que siempre dice que sí, él es amado por multitudes, un talento que desborda, una generosidad y una pasión en todo lo que toca.

Raúl es orgullo de su tierra, hombre de teatro que pone magia, ingenio y creatividad en todos los textos dramáticos que dirige. Raúl Martín ama tanto nuestro país, que cuando nos visita deja en una esquina de Santo Domingo enterrado su corazón.

P. ¿El teatro es un punto de partida o una declaración?

R. Las dos cosas. Un punto de partida porque siempre estamos partiendo hacia algo. Es un camino de aprendizaje, de conocimiento. Una declaración porque nos apropiamos de una verdad y decimos la nuestra. Un modo de conspirar y confabularse.

P. ¿Cómo llegas a él?

R. Desde niño jugaba al teatro, a ser actor. Y yo sentía que era algo muy serio, nada de juego. Entonces, cuando convertí el teatro en profesión, en ciencia, me di cuenta de que era un eterno juego. Y eso hago ahora: Jugar.

P. ¿Qué prefieres, dirigir comedias o dramas?

R. La mezcla de los dos. La tragicomedia es mi realización. Como la vida: Una dosis de comedia y otra de tragedia. Reírse de lo trágico, sufrir con lo cómico. La alegría trágica. Magnificar el humor y desacralizar la tragedia.

P. ¿Cómo surge tu grupo?

R. En 1997. Resultado de una necesidad de crear mi propio núcleo de actores, seleccionarlos, mi particular forma de entrenarlos, de hacer los procesos, de encontrar un lenguaje y ser feliz a través del teatro.

P. ¿Es difícil hacer teatro en Cuba?

R. Es difícil vivir. Hacer teatro es un escape. En realidad, recibimos apoyo para hacerlo. Pero la vida en Cuba está llena de obstáculos. Igual que la vida, hacer teatro en Cuba tiene rasgos de proeza.

P. ¿Cómo surgen las giras?

R. Se han ido encadenando de manera “orgánica”, por decirlo de algún modo. No tenemos representante que se dedique a “mover” nuestro trabajo. De una invitación a un Festival, casual, ha surgido otra.

P. ¿Tienes local propio?

R. Me están construyendo un teatro precioso, después de muchos años de ruinas.

P. ¿Eres profeta en tu tierra?

R. Sí. Me siento reconocido, la verdad. Un público y una crítica que nos sigue en Cuba. No puedo decir lo contrario.

P. ¿Cómo llegas a nuestro país?

R. En 2004, al Festival Internacional. Vine con el espectáculo El enano en la botella y tuvimos mucho éxito. Nos invitó Giovanny Cruz. Entonces llegó al camerino, después de la función, Freddy Ginebra. Después vinieron los montajes dominicanos y las múltiples visitas.

P. ¿Qué estás haciendo ahora?

R. Muchos proyectos. Montando en el extranjero y esperando por mi local. Me presento con mi grupo en La Habana y hago otros montajes fuera de Cuba.

P. El futuro…

R. Lo imagino siempre mejor. Con eso sueño. Así lo veo a pesar del escepticismo que domina el ambiente ya hace años. El teatro no nos permite el fatalismo.

P. ¿A qué te saben los aplausos?

R. No lo puedo negar, son el mejor regalo. Nos hacen olvidar todo el agotamiento del proceso de montaje. No hay día más feliz para mí que el de una función. Y los aplausos son el postre del banquete.

P. Cuba es…

R. A pesar de todo….todavía es la casa.

P. Amar es…

R. Vivir, no hay otra forma de estar vivo.

P. La vida es…

R. Un espacio, un tiempo que nos dan para luchar por la felicidad, en el teatro, en la amistad, en el amor….



Source: Farandula