Crecer hacia la Mancomunidad de Santo Domingo

SANTO DOMINGO. El Distrito Nacional tiene la urgencia de aprovechar sus espacios y mejorar los servicios. Rodeado y sin lugar hacia dónde crecer (con excepción del mar), está obligado a ser más eficiente.

Quien gobierna la ciudad tiene la presión de los intereses creados. Vecinos a los que no les interesan las altas torres; empresarios que encuentran beneficios en construcciones verticales; los capitaleños quieren calles cada vez más aptas para los vehículos; también más lugares de aparcamiento; quieren montar bicicleta en la ciudad; pero también más aceras; menos cableado aéreo, más y mejores servicios soterrados…

Y surgen nuevas demandas. Los capitaleños necesitan proteger a los animales de la calle, por lo que exigen la creación de al menos un albergue municipal como una obligación de la Ley de Protección Animal y Tenencia Responsable; pero no quieren “perreras” cerca de sus hogares. Quieren lugares al aire libre dónde recrearse; espacios culturales; mejoras de los escenarios deportivos y musicales; pero no quieren ninguna de las molestias que ocasionan: mayormente ruido y visitantes indeseables.

Desean recogida de basura nocturna; pero no unidades de transferencia de residuos sólidos que emanan hedores, generan tránsito pesado de camiones y atraen alimañas y enfermedades. Anhelan una costa del mar Caribe limpia, pero se olvidan de la basura que desciende por el río Ozama. Para crear una ciudad más limpia, se necesita que el medio millón de ciudadanos que entra y sale de la capital desde la provincia de Santo Domingo, piense igual que el capitaleño.

Si se quiere cubrir estas demandas, el alcalde David Collado y los demás deberán mirar hacia la Mancomunidad de Santo Domingo. Y posiblemente, en el caso de Collado, aspirar a liderarla. La actual situación de los servicios en el Gran Santo Domingo confirma que las políticas individualistas de la ciudad han fracasado.



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