"Esto era agua y cielo"; el panorama en el Bajo Yuna

SAN FRANCISCO DE MACORÍS. Las inundaciones no cesan en varios pueblos del norte, donde las lluvias han generado innumerables pérdidas, tanto en infraestructura como en la agricultura.

“Esto era sólo agua y cielo”. La frase del señor Eleuterio Mejía puede ser normal si se refiriera al mar, pero lo hace señalando la cuenca de las montañas, en la localidad Alto de Caipora, en el municipio Villa Riva, en San Francisco de Macorís.

El lugar permaneció aislado durante dos semanas, debido a que la crecida de los canales Arequín, Pontón y Payabo, alimentados a su vez por el río Yuna, los “trancó”.

Ayer podían cruzar, casi a nado, por el camino que los comunica con Reventón, localidad que también hace frontera con Los Contreras, y donde todavía permanecen aislados, debido a que el Yuna mantiene toda la zona inundada.

En Alto de Caipora dicen que apenas un día de la semana pasada recibieron ayuda del Gobierno, que envió, a través de la Defensa Civil, unas fundas de comida, y luego no volvieron.

“No pasamos hambre, gracias a que con la crecida llegan peces y de una finca nos daban lechosas para que la gente comiera cada vez que quisiera”, cuenta Eleuterio Mejía Luna, uno de los residentes de Alto de Caipora.

En Reventón, el regidor Ramón Ureña Ulloa muestra preocupación por la suerte de las aproximadamente 150 familias de Los Contreras, donde todavía las crecidas no bajan. Tanto Ulloa, regidor del municipio Villa Riva por el Partido Revolucionario Moderno (PRM), como otros residentes del lugar, aseguran que no han visto a ningún organismo de socorro ir en auxilio de esas localidades.

Las pérdidas en la agricultura todavía son incalculables, pues tienen cientos de tareas sembradas de arroz, cacao, lechosa, que permanecen bajo agua. Tampoco conocen el efecto sobre el ganado.

En Matancitas y La Gorda, en Nagua, la situación es similar o peor. Aunque el agua inundó varias decenas de casas, a los residentes de estas comunidades les preocupa sobre todo la pérdida de sus cultivos.

Ayer hubo pocas precipitaciones en la zona, pero la crecida del Yuna mantiene anegadas cientos de tareas sembradas de arroz.

“Todo se perdió, ya eso no sirve” se lamenta Dioris Hernández, en referencia a unas 50 tareas sembradas de arroz que tenía, y que estaba a punto de cosechar. Para cultivarlas había invertido unos RD$200,000 que ahora le debe a prestamistas informales.

Al agricultor, lo mismo que Eulogio Peralta, que perdió otras 25 tareas de arroz, le preocupa el crédito que tendrán que pagarle a sus acreedores, pues no tienen otra medio de pago que no sea esperar una próxima cosecha. Los campesinos de esta zona, que se sienten ahogados por las pérdidas, esperan que el presidente Danilo Medina ordene al Ministerio de Agricultura ir en su auxilio, cosa que todavía no se produce, según dicen.



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